Me satisface muy mucho que la Universidad de Salamanca sea la segunda mejor valorada de toda España por su nivel docente, según un ranking que acaba de ser publicado.
No es que uno crea mucho en este tipo de clasificaciones, en general, y menos aún en el listado jerarquizado de las 69 universidades presenciales españolas. Entre otras razones, porque en él se halla descatalogada mi alma mater, la Universidad de Deusto, un centro de primera al que he vuelto el otro día para conocer su espléndido centro de documentación, situado a la acogedora sombra del Museo Guggenheim.
En cualquier caso, nuestra enseñanza superior no está para tirar cohetes. El tener 69 universidades —y alguna más en perspectiva— es una barbaridad y supone un derroche. Eso, sólo en cuanto a universidades que exigen la presencia física de los alumnos. Además de ellas están los centros de la UNED, la Menéndez y Pelayo, los cursos de verano y bastantes otras escuelas privadas de ámbito superior. Más gente, entre todas ellas, que en el camarote de los hermanos Marx.
Para atraer estudiantes, en vez de competir en calidad, que sería lo legítimo, muchas veces se ven obligadas a hacerlo dando más facilidades para aprobar. Y así vamos como vamos.
No resulta anómalo, entonces, que ninguna universidad española se encuentre entre las 100 mejores del mundo —vaya, otra vez echando mano de las clasificaciones— y que nuestros mejores docentes en cuanto puedan se den el piro para enseñar en centros extranjeros y, a poder ser, en los Estados Unidos.
Tampoco es de extrañar que cuando algún nuevo plan, como el de Bolonia, pretende elevar el listón de la enseñanza, equiparar saberes y exigir controles de calidad, una gran parte del mundo universitario sienta amenazado su confort quietista y amodorrado y se ponga hecho una pantera.
Dicho lo que antecede, resultaría desastroso que la USAL, gratificada por un dudoso ranking académico, se durmiese en los laureles, nunca mejor dicho, ya que nuestra universidad tiene cualidades singulares que, bien aprovechadas, pueden hacer de ella un lugar idóneo para aprender, a diferencia de muchos otros.
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