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Acontecimiento planetario

Enrique Arias Vega 05 Jun 2009 - 17:29 CET
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La adulación extrema cae inevitablemente en lo ridículo y lo grotesco. Eso le ha sucedido a la buena —es un decir— de Leire Pajín con su metáfora cósmica sobre la coincidencia de dos astros políticos: Obama y Zapatero.

Ya sabíamos que en el santoral laico de los progres —que lo tienen, y más abundante que los carcas— San Obama del Niño Jesús es un santo milagrero, capaz de los mayores prodigios, eso sí, siguiendo la estela de su San Juan Bautista, que no es otro que el presidente español.

El ejemplo lo ofrecen muchos candidatos al Parlamento Europeo, que en vez de citar a Brown, Sarkozy o Merkel, siempre tienen en su boca al presidente norteamericano, como si éstas fuesen unas elecciones para ir a Washington en lugar de Bruselas.

Otra característica de estos conversos al atlantismo es que se refieren siempre al presidente Obama, cuando jamás merecieron ese tratamiento no sólo Bush o Clinton, sino tampoco Aznar o Felipe González. Y es que, claro, todos ellos deben ser unos simples mortales al lado del taumaturgo norteamericano.

Sí que nos hallamos, pues, ante un acontecimiento planetario: pero no debido al encuentro cósmico de Obama y ZP, sino a la mutación prodigiosa de tanto progre que, en vez de considerar al líder de EEUU su enemigo mortal, como hasta ahora, lo adopta como su propio presidente.

Al lado de esto, el milagro bíblico de los panes y los peces parece un mero truco de feria.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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