Periodistadigital América Home
3 segundos 3 segundos
Coronavirus Coronavirus La segunda dosis La segunda dosis Noticias Blogs Videos Temas Personajes Organismos Lugares Autores hemeroteca Enlaces Medios Más servicios Aviso legal Política de Privacidad Política de cookies
-

Alumno con suspensos

Enrique Arias Vega 02 Jul 2009 - 10:58 CET
Archivado en:

Siempre he sospechado que toda la normativa escolar la dicta, por frustración y como represalia social, gente que es absolutamente analfabeta. Sólo así se explica que cada ley sobre la materia sea peor que la anterior.

Lo penúltimo: eso de que los alumnos con tres o cuatro asignaturas pendientes sólo cursen al año siguiente esas disciplinas y se pasen el resto del día tocándose las narices. Es, justo, lo que necesitan los escolares con problemas y deficiencia educativa: dedicarse al relajo en vez de al esfuerzo.

Ya sé, ya, que eso de la aplicación, el carácter, la voluntad y la disciplina no son más que actitudes retrógradas y hasta fachas y que lo guay, lo que mola, lo progre… son el placer y la molicie, únicas virtudes auténticamente democráticas.

Con ellas, sin embargo, llevamos ya dos generaciones que se expresan cada vez peor —probablemente en varios idiomas, incluidas las lenguas vernáculas, pero aun así con menos capacidad de comunicación que antes—, que saben usar con soltura el ordenador pero son incapaces del cálculo mental más sencillo y que tienen conocimientos de temas muchas veces pintorescos pero ignoran la historia y la geografía universales.

Por eso, cuando oigo la insistente patochada de que los jóvenes constituyen la generación mejor preparada de nuestra historia, recuerdo aquello que decía el olvidado Ortega y Gasset acerca de muchos diplomáticos: “Seres analfabetos, aunque manejen correctamente las palas del pescado en un almuerzo”.

Dicho lo dicho, estoy de acuerdo con la Junta de Castilla y León y la Generalitat valenciana en que los escolares suspendidos puedan repetir el curso completo con la idea, si no de mejorar los conocimientos adquiridos, de que al menos no los pierdan durante el siguiente año académico.

Lo malo es que nuestros legisladores creen que aprender supone un castigo, en lugar de una fuente de placer, y que el estudio es una carga en vez de la gozosa esperanza de un mejor futuro personal y colectivo.

Pero, claro, descubrir esas cosas tan simples supondría que ellos, pobrecitos, hubiesen estudiado en su momento, lo que, visto lo visto, parece muy poco probable.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Más en A Contracorriente

Mobile Version Powered by