Nuestra economía va peor que la del resto de Europa y la de Estados Unidos, pero nuestra prepotencia no. Al menos, la de Florentino Pérez.
Mientras el fútbol español está al borde de la quiebra, adeudando 3.500 millones de euros, y mientras jugadores de 2ª B llevan quince meses sin cobrar su sueldo, el Real Madrid realiza los fastuosos fichajes de Cristiano Ronaldo, Kaká y compañía, criticados hasta por el Vaticano.
El club blanco probablemente no quebrará por tanto dispendio. O quizás sí. Quien no lo hará, seguro, será la NBA. En tiempo de crisis, acaba de decir, hay que atarse los machos: por eso reduce el gasto en salarios de jugadores; sólo un 1,7%, pero lo rebaja. Y lo hace por segunda vez en siete años.
Aquí, en cambio, el que el PIB descienda y el paro crezca no parece impresionar a los clubes de fútbol. Cuando ya no puedan más, tras haber tirado la casa por la ventana, pedirán ayuda pública, como si fuesen bancos o fabricantes de automóviles, en vez del simple juguete de directivos megalómanos.
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