ETA también sigue las encuestas del CIS y quiere que el terrorismo vuelva a ser la principal preocupación de los españoles. Ése es el objetivo inmediato de los asesinos etarras: sembrar el terror y provocar así un sentimiento de indefensión y de entreguismo.
Pero evitar la comisión de un crimen indiscriminado, ya sea de ETA o de cualquier otro, aquí o en Indonesia, resulta prácticamente imposible. En cambio, impedir que se cree el caldo de cultivo de nuevos terroristas sí que es factible. Lo tuvo en su mano el juez Santiago Pedraz de haber prohibido los homenajes a etarras.
Seguro que lo habría decidido de inmediato de haberse tratado de asambleas de narcotraficantes o de agasajos públicos a pederastas, con crímenes, los suyos, no más repugnantes que el coche bomba o el tiro en la nuca. Y es que en los emotivos homenajes a los sanguinarios gudaris siempre surgirá un nuevo y fascinado aspirante a terrorista, dispuesto a imitarlos.
Para eso, precisamente, es para lo que se celebran.
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