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Clientes satisfechos con las cárceles

Enrique Arias Vega 15 Ago 2009 - 18:51 CET
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Los delincuentes catalanes podrán evaluar el trato recibido por la policía: «¿Quiere denunciar a la persona que le ha detenido?”, es una de las preguntas del formulario.

Claro que, a diferencia de los usuarios de hoteles y restaurantes, estos otros clientes ni son de pago ni lo hacen por propia voluntad, así que ya me dirán cómo pondrán a los mossos d’Esquadra: como unos auténticos pingos.

No está nada mal, por supuesto, que respetemos los derechos de todo quisque. Pero me temo que aquí hemos utilizado el método de los vasos comunicantes, es decir, otorgar muchas veces derechos a unas personas a costa de otras.

Así, por consiguiente, hemos ampliado los derechos de los niños, pero dejando inermes a sus padres; reconocemos los derechos de los enfermos, pero se los quitamos al personal sanitario que los atiende; aumentamos los de los alumnos, pero reducimos los de sus profesores.

En el caso de los delincuentes, empieza a resultar más rentable ser criminal que policía. A la primera de cambio, los agentes del orden son sospechosos de haber aplicado malos tratos —¿recuerdan la muerte de aquel detenido en el cuartel de la Guardia Civil de Roquetas?—, mientras que muchos delincuentes quedan libres por una tardía o pusilánime intervención policial.

Como me decía un marroquí detenido en los ya lejanos tiempos de Franco, “prefiero una cárcel española a un hotel en mi país”. Y eso que aún no conocía lo que está pasando ahora.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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