No es que cada vez sepamos más inglés, sino que crece nuestro desconocimiento del castellano, que no es lo mismo. Les sucede, por ejemplo, a todos aquéllos que aluden a un atuendo casual, cuando en realidad querrían decir informal.
Acabaremos, pues, hablando una jerga incomprensible, como les ocurre desde hace décadas a los puertorriqueños, que ignoran que el color brown es el marrón o que la laundry es una lavandería.
En un medio digital valenciano que leo con frecuencia, la mitad de los blogs están titulados directamente en inglés —It’s a Lonely Place, Why not?…—, aunque después sus contenidos están escritos en un presunto castellano.
No hay que ir tan lejos para hallar esa a modo de disglosia cultural. En una revista salmantina encontré no hace tanto un artículo titulado Pay out. No lo leí, simplemente, por no saber de qué iba. Luego, preocupado por si había perdido la oportunidad de informarme de algo de mi interés, comprobé en un diccionario que se trataba del porcentaje de beneficios que una empresa dedica a dividendos, con lo que ya pude respirar tranquilo.
Mi última inquietud, no obstante, viene de no saber escribir en esta especie de moderno pichinglis. Así que me he puesto a intentarlo en un modesto relato erótico pedido por una editorial y que he comenzado así:
“En un chat conecté con una fan, una groopy más bien. Me dijo que yo era un tío cool, todo un latin lover, y que conmigo había tenido el flash de que viviríamos un flirt. Estaba segura de que yo era un killer sexual en la pole position de su corazón.
“Me propuso vernos en el corner del cyber durante el break del local de fast food donde trabajaba. Para que viese su look me envió una foto en top less y me pidió una mía en short. Me dijo que si me gustaba el windsurf podíamos quedar en el meeting-point del aeropuerto o, mejor aun, en el check-in del hotel, donde yo le haría un hat treak, porque soy todo un number one.
“Le dije que okay y, por si acaso, me mudé de slip”.
Aun no he acabado el relato, claro, pero prometo contarles el final si soy capaz de concluirlo sin morirme de fastidio.
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