Los alcaldes, en principio, se dedican a edificar polideportivos, construir saneamientos, recoger basuras,… Cuando esas actividades se les quedan cortas, inventan otras: el de Oleiros nombró hijo adoptivo a Fidel Castro, el de Torredonjimeno decretó un día semanal de toque de queda para los varones, el de Pego encarceló al sepulturero municipal por asistir a una manifestación contra él…
Algo menos estrafalario, el de Arenys de Munt, Carles Móra, sólo quiere hacer un referéndum sobre la autodeterminación de Cataluña.
Y es que los sentimientos están por encima de la lógica, con lo que propician incluso minúsculas independencias, como la de la bilbaína República de Abando, en 1867, o la ficticia de un barrio londinense en la divertida película Pasaporte para Pimlico.
En la vida todo es posible: desde la atomización de las Antillas en 15 países apenas viables, hasta la unión de 50 territorios para convertirse en los poderosos Estados Unidos.
Vale, pues. Pero que eso, en cualquier caso, no posponga la instalación municipal de alcantarillas.
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