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Portugal y los españoles

Enrique Arias Vega 05 Nov 2009 - 13:28 CET
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No entiendo cómo tres siglos y medio después de su última independencia los portugueses siguen siendo tan amables con nosotros. Como si lo mereciéramos.

En esta Lisboa donde me hallo, cada vez más deteriorada de un viaje al siguiente, los turistas del otro lado de la raya —es decir, nosotros— mantienen su constante prepotencia de nuevos ricos, a voz en grito, sin esforzarse siquiera en aprender una sílaba de un idioma tan melodioso como la lengua portuguesa. Eso, claro, aquellos españoles que se dignan acercarse a visitar el oeste peninsular, porque media España al menos simplemente vive de espaldas a Portugal.

Los que aquí llegan, como muchos de los becados por el programa Erasmus —orgasmus, que dicen los lúcidamente cínicos que saben a qué se dedican nuestros jóvenes—, suelen ser de una zafiedad imponente. El pasado fin de semana tuve noticias de primera mano sobre una fiesta vandálica, con destrozos en la propiedad, gamberrismo urbano y otras tropelías menores. Esa actitud, típica de botellón hispano, resulta infrecuente en una fiesta londinense o berlinesa, donde los españoles se sienten más bien acomplejados ante sus anfitriones.

En cambio, la injusta acomodación y hasta subordinación a nosotros por parte de nuestros vecinos la tenemos en el actual ciclo de cine español que tendrá lugar aquí la semana que viene, mientras que nosotros ignoramos todo sobre la cinematografía portuguesa, salvo la existencia de Joaquim Almeida y Maria de Medeiros por sus episódicas actuaciones en nuestro cine y, sobre todo, en el de Hollywood.

La muestra más evidente de todo esto la ofrece el primer ministro, José Sócrates, más zapaterista que la propia Leire Pajín, que ya es decir, y que lleva en su programa, copiado del español, entre otras propuestas el matrimonio homosexual, que ya fue rechazado una vez por el Parlamento de Lisboa. Pero es que Rodríguez Zapatero resulta el faro que ilumina las escasas excepciones de un socialismo en decadencia en Europa.

Si sigue ese camino, sí que tiene claro su futuro Portugal.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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