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Vender más coches,… ¿para qué?

Enrique Arias Vega 08 Ago 2010 - 08:48 CET
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No contentos con las anteriores ayudas del Gobierno, los industriales del automóvil piden ahora más subvenciones para mantener la venta de coches. Pero, ¿por qué hay que primar a ese sector y no al de la óptica, los embutidos o la pasamanería, por ejemplo?

El Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha pasado media legislatura ponderando las virtudes de una nueva economía más sostenible que la actual y que aún está por ver. ¿Y qué sector no representa mejor la vituperada vieja economía que el automovilístico? Es el más contaminante, consume petróleo —combustible escaso y de importación— en vez de energía renovable, fomenta el individualismo frente a la solidaridad del transporte público, supone una sangría constante —y costosa— de vidas humanas y obliga a unas inversiones viarias siempre insuficientes: el parque de automóviles aumenta mucho más rápido que la red de carreteras.

No entiendo, pues, el empeño en desviar nuestros menguantes recursos hacia ese sector. Ya sé, por supuesto, el empleo que éste genera y sus efectos inducidos sobre otras actividades. Pero lo mismo ocurría en su momento con la construcción naval o los altos hornos y sus respectivas reconversiones dieron un importante empuje a la economía del país.

Por eso, primar aún más la venta de automóviles mientras se reducen las inversiones en el AVE y en otras infraestructuras colectivas, supondría una cruel paradoja: inducir al ciudadano a un mayor consumo —matriculación, seguro, revisiones, gasolina, peajes, ITV, reparaciones, circulación,…— mientras sus ingresos personales disminuyen por causa de la crisis económica.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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