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Qué energía queremos

Enrique Arias Vega 27 Feb 2014 - 20:27 CET
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Estamos hasta las narices, y con razón, del elevado precio de la energía. Pero no parecemos dispuestos a racionalizar ni su producción ni su consumo.

Queremos mucha energía y, además, barata, para seguir con el aire acondicionado a tope, con todos los electrodomésticos puestos a la vez y dejando encendida la luz en habitaciones en las que ya no estamos.

Todo esto se debe, seguramente, a nuestra dichosa manera de ser, a nuestra idiosincrasia, que se decía antes, propia de gente amante de sus derechos pero reacia a cumplir obligación alguna.

Por eso mismo, porque creemos en los derechos medioambientales y defendemos la salud colectiva, somos contrarios a las centrales nucleares, a diferencia de otros países que carecen, como nosotros, de reservas de hidrocarburos.

También nos oponemos, con la mejor intención, a la fracturación hidráulica o fracking, con la que extraer agresivamente gas y petróleo del subsuelo. Incluso nos negamos siquiera a saber si hay dichos combustibles en la costa mediterránea, a fin de no perjudicar así a sus playas, a sus turistas y a su fauna marina.

Esa actitud conservacionista está requetebién. Tanto, que para mantenerla hemos subvencionado una minería de carbón obsoleta y unas energías renovables que han costado más de lo que producían.

Fíjense que no estoy contra nada de todo esto. Al contrario; sólo pretendo que seamos conscientes del coste de semejante actitud o de que, si no, reduzcamos drásticamente el consumo energético y no malgastemos nuestros escasos recursos como niños malcriados.

Esto, al final, se traduce en que haya un debate nacional sobre qué energía queremos, a qué coste y de qué estamos dispuestos a prescindir para lograrlo. Todo lo demás es continuar mareando la perdiz, pagando, además, un riñón por tan inútil mareo.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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