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Al servicio no de los ciudadanos

Enrique Arias Vega 12 Jun 2015 - 07:56 CET
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En las democracias, los cargos públicos están al servicio de los ciudadanos y de las leyes que amparan a todos ellos. Cuando empiezan a jurar o prometer fidelidad a otras personas o conceptos, lagarto, lagarto…

Por eso, uno recela, cuando no simplemente abomina, de esas proclamas de lealtad a los Principios Fundamentales del Movimiento, en tiempos de Franco, o a la revolución bolivariana de Venezuela o qué sé yo.

En la Alemania nazi —y ustedes perdonen la alusión—, hasta los militares juraban fidelidad personal al Führer, y no al Estado. Se explica así que fracasase la Operación Valkiria contra Hitler y que el ejército alemán lo siguiese obedeciendo al precio de la destrucción total del país y la muerte de cinco millones de ciudadanos.

Todas las comparaciones son odiosas, lo sé. Pero comenzar a poner coletillas, pegas o modificaciones al juramento o promesa de los cargos públicos al cumplimiento de las leyes, conlleva un intento de saltárselas a la torera.

La cosa comenzó con aquello de acatar la Constitución “por imperativo legal” de los políticos afines a ETA al tiempo que su gente la combatía a tiros. Luego han venido expresiones más alambicadas y menos brutales de sortear la legalidad.

Digo todo esto por la fórmula con la que van acceder a sus cargos los nuevos concejales de CiU, aunque lo hagan en la población más remota de los Pirineos: “Quedo a disposición de la Generalitat para ejercer la autodeterminación de nuestro pueblo”.

Toma ya. Los ediles convergentes no se comprometen, pues, a gestionar lo mejor que puedan los intereses del municipio respectivo, sino que en lugar de eso dedicarán su tiempo a “ejercer la autodeterminación”.

Pensarán ustedes, quizá, que uno es demasiado suspicaz, alarmista o simplemente exagerado. Puede. Pero cuando se empieza a desvirtuar el mandato popular, por muy edulcoradas que sean las fórmulas con que se haga, cualquier cosa —hasta la peor de todas— puede llegar a suceder.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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