Por si Pedro Sánchez tuviese alguna duda sobre aguantar en el cargo hasta 2027 –que no la tiene–, ahí están las recientes encuestas para demostrarle que éste sería el peor momento para él de convocar elecciones. Sólo las del inefable José Félix Tezanos, hechas precisamente para alentar a las decaídas huestes socialistas, le auguran un futuro de éxito en las urnas.
El promedio de los tres últimos sondeos independientes es claro. El PP sacaría entre 137 y 139 escaños, mientras toda la izquierda junta obtendría entre 118 y 122. Como se ve, sería un batacazo mayúsculo del PSOE y sus aliados. Es más: Vox alcanzaría entre 61 y 63 diputados. Este último dato es significativo, ya que una de las estrategias del partido socialista para minimizar el éxito del PP ha sido espolear en la derecha el voto hacia los de Santiago Abascal y que quedase reducido el de Núñez Feijóo. Se les ha ido la mano, pues el Partido Popular no decrece, mientras que Vox logra una cifra superior a sus propias expectativas.
Ahí tenemos, pues, a las encuestas para dictar la conveniencia o no de unos comicios y para diseñar la estrategia electoral de unos y otros. También es significativo que el documento crítico con el sanchismo de Jordi Sevilla haya surgido en el momento más bajo de las proyecciones del PSOE, con lo que el componente electoral de las reflexiones críticas y de búsqueda de un nuevo liderazgo en el partido están más que justificadas.
Los sondeos son pues un buen barómetro para ver por dónde van los tiros y para modificar estrategias. La del PSOE de querer ganarle terreno a su izquierda ha resultado negativa, pues un grupo de sus votantes se ha pasado directamente, sin parada intermedia, a la extrema derecha, lo que deberá hacerle reflexionar. Otro sector en el que ha pescado sus votos Vox ha sido el de los jóvenes, caladero histórico de la izquierda. En cambio, los de Abascal flojean y mucho en el voto femenino, que aun desengañado con los socialistas, se mantiene escorado hacia ellos sin hacer un gran cambio.
Como se ve, aunque falte mucho para las elecciones generales –no así para las autonómicas, en las que se repetirían los esquemas demoscópicos—, los partidos tienen mucha tela que cortar para adaptar sus estrategias a los sondeos, que se han convertido en un arma electoral de primera magnitud.
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