El otro día fue reventado el mitin que tenía previsto en Galicia el dirigente de Vox Jorge Buxadé. Se trata de un ataque más a la libertad de expresión de la que goza cada ciudadano. No es el primero, ni desgraciadamente será el último, pues los enemigos de las libertades campan a sus anchas y estas actuaciones se saldan con una práctica impunidad.
Tres cuartos de lo mismo le sucede a la libertad de información, en la que esta vez suelen entrar para coartarla los poderes del Estado, molestos cuando las noticias no les bailan el agua sino que los dejan en evidencia.
El atentado a la libertad de expresión ha aumentado varios grados de hervor cuando ha sido el propio presidente norteamericano, Donald Trump, el que ha vetado la presencia de tres grandes medios de comunicación, CNN, MS Now y Politico, en sus ruedas de prensa de la Casa Blanca. La reacción solidaria de los otros medios no ha tardado en llegar, así como el acogimiento a la primera enmienda de la Constitución por parte de los medios sancionados.
La actuación negativa del líder estadounidense tiene más inri, cuanto que los padres de la patria, en el acto fundacional del país, dejaron constancia de que la libertad de prensa, como se decía entonces, era un pilar contra la tiranía. Que lo sigue siendo en la actualidad lo demuestra el veto presidencial, acostumbrado como está su titular a castigar a todo aquel que se opone a sus designios en el ámbito que sea y que, puesto a acomodar las cosas a sus deseos hasta renombra los accidentes geográficos para mayor gloria de su propio nombre.
Pero Trump no es el único al que no le gusta el periodismo crítico, actitud común a todas las autocracias más o menos disimuladas por la prédica democrática que no suele faltar. Entre nosotros, hemos sabido recientemente que el ministerio de Grande-Marlaska ha elaborado un listado de periodistas según sus preferencias ideológicas. No tiene pase semejante relación, aunque ha sido argumentada que lo fue “por razones internas”, aunque éstas no puedan ser otras que calificar de manera distinta a los informadores apoyando a unos y entorpeciendo el trabajo de los demás.
Así que mucho hablar de libertad de expresión y de libertad de información, pero a la hora de la verdad una y otra tienen al menos tantos enemigos como amigos.
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