Los últimos meses han entronizado el rostro de Risto Mejide. Ha sido sin duda el reinado de Risto Rey, críticas lapidarias y crucifixión pública del personaje aparte. Todo un triunfo (mediático) de un publicitario espabilado. Y juguetón. Ligero de escrúpulos en la forma. No siempre desencaminado en el fondo.
Y yo me pregunto:
¿Por qué el rostro de Risto arrastra?

La respuesta merece un tratamiento transdisciplinario. Las aportaciones pueden venir -entre otros ángulos- desde la psicología de masas, el psicoanálisis(tan atento él a los monstruos de nuestro subconsciente),la psicoestética, el marketing de producto(que el propio Risto da a entender que domina), la ética, el arte dramático,la pedagogía o quizá sencillamente desde una habilidad a caballo entre muchas que podríamos llamar la ocurrencia: ser original, salirse de los caminos trillados, ser diferente. A cualquier precio.
No lo duden: Risto es humano. A menudo no lo delata su rictus hierático, ni sus gafas fúnebres, ni su aparente impermeabilidad ni su facilidad para esparcir incomodidades a diestro y siniestro, cual cañón de nieve
artificial… ¿Artificial? Mirándole de tórax para abajo, le delataba durante las escaramuzas más vistosas ante la cámara su respiración entrecortada, reflejo de las tensiones de la persona que hay dentro del personaje.
Pero ahora Operación Triunfo(quinta edición) ya se ha ido y todos sabemos cómo ha sido: con dos buenas voces finalistas(Lorena y Daniel por este orden en el podio) y un equipo de guionistas con meses sabáticos por delante para buscar Risto (o Rista) de nuevo cuño. Cambiar para que nadie cambie. Descremar el filón hasta la última veta.
Con todo, el rastro de Risto merece un análisis templado. Académico. Y
mucha atención:
Un equipo de expertos y de aspirantes a serlo(observen el deje ristoniano de la frase precedente) debatirán el fenómeno Risto en acto abierto al público en la sala de actos de una conocida escuela de negocios de Barcelona durante la tarde del viernes, 2 de marzo de 2007. Están ustedes invitados. Adelante.
Por cierto, no se exciten antes de lo debido: no prevemos la asistencia del propio Risto. Pero la riqueza y rigor del coloquio pondrán a esta señalada ausencia un contrapunto serio. Amable. Consolador.
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