Lo digo por activa y por pasiva en mis seminarios: los medios técnicos nunca deben eclipsar el alma de un conferenciante. Imágenes y sonidos complementan, ilustran y atraen. Pero yo-soy-mi-PowerPoint.
El término PowerPoint se ha sacralizado. A los directivos jóvenes dela junta del FC Barcelona se les llama «PowerPoint generation»…
Lejos de mí cualquier deseo de denostar la tecnologia mutimedia, en la que creo y a la que está reservada una eximia misión docente. Pero tales medios no deben sustituir la esencia de un conferenciante: su mirada, sus pausas, el movimiento de sus manos, su entonación, sus cambios de ritmo, sus quiebros sobre la tarima, su gesticulación, sus emociones a flor de pie…
Yo-soy-mi-PowerPoint. Es la frase que he acuñado ante las poquisimas ocasiones en que alguien ha inquirido porque no utilizo este instrumento para mis conferencias.
Postulo con denuedo que los medios técnicos no deben eclipsar el bien decir, esa vibración que sale de tan adentro que impregna a las audiencias y las hace indefectiblemente amigas.
Las palabras -pronunciadas con tino- suscitan todo tipo de imágenes. Estamos provistos de un instrumento formidabe que tenemos la obligación de conocer sin claudicar de buenas a primeras ante los fuegos de artificio propiciados por la moderna tenología.
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