Justo ése: el clavo que sobresale. Es el que se lleva el primer martillazo. Así lo proclama un dicho popular. Mensaje: destacar tiene sus riesgos. Especialmente en el campo de las ideas.
Una de las mayores ingenuidades en que he incurrido en mi vida es pensar que una persona por el hecho de trabajar en el campo de la cultura y la educación debe de ser alguien ineluctablemente sensible al talento ajeno.
Nada más lejos de la realidad. Las escaramuzas en el campo de las ideas no tienen nada que envidiar a otros sectores. Y en lo que concierne a la educación, puro campo sembrado de minas. Especialmente en el ámbito universitario. Los jerifaltes del conocimiento me resultan especialmente odiosos. Huele a moho en mucho campus vestido de oropel pero sin sustento. Desalmado.
Con todo, también afirma el refranero que “lo que no te mata, te fortalece”. Generados los pertinentes anticuerpos, todo se vuelve más llevadero.
Pero el martillo está ahí y se siente compulsivamente atraído por el clavo que sobresale. Hay que mirarle siempre de reojo.
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