Son mis dos palabras estelares de este año: arraigo y avivamiento.
Ambas derivan de la práctica de la técnica milenaria del yoga.
Arraigo se refiere a la conveniencia de tocar la superficie con el cuerpo: manos y pies, cuerpo y extremidades deben propiciar el contacto. De un sólido arraigo deriva un perfecto equilibrio. Equilibrio sereno y agradable.
El avivamiento hace referencia a mantener las partes del cuerpo despiertas, no tensas, pero sí vivas. Observantes, atentas a todo. Con vida, sintiendo. Observando el aquí y el ahora.
Arraigo y avivamiento son dos términos muy útiles. De hecho, pueden ayudarnos a cambiar nuestra manera de caminar. A concienciarnos de poner la planta del pie en forma debida. A mantener el cuerpo gozosamente despierto y con la mayor rectitud posible. Vivo pero sin tensión. Natural. Por ende, gozoso.
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