Tal domingo como hoy, hace 30 años, un pastor anglicano sorprendía a sus feligreses con una iniciativa inaudita: imágenes de sexo en la hoja parroquial. «Quería estimular el regreso a la Iglesia de mis ovejas descarriadas»-explicó el pastor a los medios de comunicación.
La información fue difundida por la «cheap press» (prensa barata) británica de finales de los años setenta. Cabeceras como «The Sun», «Daily Mayl» o el emblemático «Daily Mirror» ss recreaban en noticias de este tipo que desde mi diario de entonces- el Catalunya Express- eran copiadas o resumidas (en el argot periodístico se dice «se fusilaban»).
La noticia del innovador pastor cayó en manos de mi sesudo compañero de redacción J.J.Navarro Arisa, quien tituló precisamente así: «Sexo en la hoja parroquial». Este titular se me ha quedado grabado para siempre.
Saber titular es todo un arte. Contrariamente a lo que piensan algunos, es una disciplina difícil, de las que requieren el dale que te pego, estrujarse los sesos y hacer camino al andar.
De entrada, un buen titular ha de ser claro, breve y…sugeridor. «Sexo en la hoja parroquial» reunía los tres ingredientes. Especialmente el tercero: invitaba implacablemente a la lectura.
Durante mi vida profesional he intentado siempre diseñar buenos títulares. Como norma he adoptado el hábito de primero pergeñar el título y luego escribir el texto. Es duro al comienzo pero ello te disciplina y hace el mensaje homogéneo, coherente. Nada más lamentable que leer textos cuyo titular va por otro lado. Titular y texto deben estar indisolublemente unidos. Como el yin y el yan. La carne y el espíritu. Sodoma…y Gomorra.
Volviendo al sexo. Los titulares que hacen referencia a las debilidades humanas suelen ser especialmente impactantes. También aquellos de lectura equívoca. O los que juegan sencillamente con los sonidos y abren el campo de pleno a la imaginación de lector.
Algún día escribiré un ensayo sobre el arte de titular, habilidad periodística en la que he obtenido un cierto reconocimiento.
El titular es al periodismo lo que el anzuelo a la caña de pescar. Hay que pescar lectores y con una frase corta, clara y sugeridora se pueden obtener grandes capturas.
Entre mis titulares favoritos de cosecha ajena figura aquel de la prensa deportiva de los años ochenta. Acababa de ganar el Fútbol Club Barcelona su primera Recopa europea en la ciudad suiza de Basilea. El jugador Francisco Carrasco, apodado «Lobito», de trayectoria irregular, tuvo una intervención estelar, activando el juego y luego ralentizándolo en las postrimerías del encuentro, parapetado junto al banderín de saque de esquina, perdiendo tiempo para que se consumara la victoria azulgrana.
Tituló el rotativo en cuestión:
«El Lobito sólo aúlla en las noches de Recopa llena».
Me quito el sombrero ante un titular tan irrefutable como éste.
Es el tipo de titular que justifica lo antedicho: que titular es un arte.
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