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Los viejos cines

Miguel Ángel Violán 23 Ago 2007 - 13:24 CET
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Los viejos cines fueron escenarios de nuestras vidas, grandes ventanas al mundo y a los sueños.

Hago recuento mental y añoro salas tan barcelonesas como el Rialto (en la antigua plaza Calvo Sotelo.

O la sala Ars (en la calle Atenas, en la zona alta de Balmes), donde se proyectaba sesudo cine llamado “de Arte y Ensayo”.

O el mítico Adriano, en la Bonanova, un cine de barrio, una escuela de vida donde el público protestaba a grito pelado contra los evidentes cortes de la censura en cuanto aparecía una alcoba.

Puedo citar muchos cines más: el ABC junto a la Plaza Molina; el Balmes 300 metros más abajo: el mítico Arcadia en las Galerías Tuset…

Allí precisamente, en el Arcadia, estrenaron “Les Zozos” pero una antipática vendedora de entradas me impidió el paso por no tener yo aún los 16 años aun aparentándolos…Fue un chasco descomunal.

No deseo omitir el cine “Publi”, en Paseo de Gracia, todo una referencia en los años sesenta y setenta.

Fue escenario también de mi clásico incomodo con el gremio de los acomodadores. No me gusta que me digan dónde debo sentarme. Y mucho menos que esperen una propina por ello.

El acomodador del “Publi” tenía fama de mascullar soeces en voz alta si no le daban propina. En cierta ocasión llegué con la sesión iniciada y el acomodador de marras inexorablemente me condujo hacia las butacas delanteras…

Yo no llevaba suelto ni ganas de premiar su trato áspero, de manera que hice ver que le seguía y en un momento dado me escabullí por una fila donde había yo detectado un hueco.

Cuando el acomodador llegó al punto de destino, se giró y no vio a nadie tras él…Irrumpió en bronca mayúscula. Pero peor aún: con su linterna me buscó entre el público, yo agazapado y temeroso. Parecía uno de esos focos carcelarios que buscan al fugitivo en “Prison Break” y series similares.

Para mi fortuna, se desencadenó una espontánea reacción solidaria del público (bueno, de hecho ellos querían ver tranquilos la película) que increpó masivamente al acomodador (incluso alguien le lanzó palomitas).

Mascullando contrariado tuvo que plegar velas y hacer mutis por el foro.

Yo me pasé la sesión ajeno a la película barruntando la operación salida de la sala para evitar represalias.

Durante un tiempo el acomodador desabrido y vejestorio aparecía en mis pesadillas enfocándome la cara con su linterna, quejándose por el desaire sufrido y reclamando su propina.

Miguel Ángel Violán

Miguel Angel Violán es barcelonés, periodista y escritor, con 41 años de experiencia en el campo de la comunicación (Grupo Mundo, diario AVUI, TV3, Catalunya Ràdio, Radio Nacional de España, Círculo de Lectores/Bertelsmann, RIU/TUI). Desde 1996 hasta comienzos de 2008 residió en Mallorca, donde ejerció el cargo directivo de Director de Comunicación de la cadena RIU […]

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