Se llama Jorge Carvajal. Es un médico colombiano y aúna el saber tradicional de la medicina con las llamadas terapias alternativas. Su manera de sanar concibe el cuerpo humano como un flujo de electricidad, que la enfermedad cortocircuita. La reparación: con amor, la más potente de las energías.
Estoy leyendo «Los caminos de la bionergética» de Jorge Carvajal y me llama la atención la belleza del lenguaje utilizado, el humanismo que subyace tras cada palabra y la voluntad de integrar conocimientos dispares.
He tenido experiencias de todo tipo con médicos y no hay término medio: aquellos que se entregan a su profesión merecen nuestra infinita gratitud. Por contra, corresponde reprobar a aquellos (no son infrecuentes) que anteponen tener la razón a la salud del paciente.
En su libro Jorge Carvajal expresa muy claramente el sentido que debe tener el ejercicio de la medicina. El misticismo de todas sus aseveraciones rezuma vocación de servicio. Y la prosa con que difunde sus mensajes no le anda a la zaga a bellos pasajes de su paisano Gabriel García Márquez.
Cuanto se explica en este libro es muy sugestivo. Va más allá de una novedad técnica o de una metodología de moda. Toca de lleno el mayor y más sagrado de los intangibles: el alma humana.
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