Escucho en un DVD promocional del ya desaparecido líder espiritual Osho que su biblioteca se compone de 150.000 libros.
«Le dije a mi padre: si no me das dinero para libros, te lo robaré. Y él me lo daba siempre».
Es desconcertante el desparpajo de este místico, quien no se anda con chiquitas a la hora de descalificar iglesias, credos y liderazgos espirituales.
En su libro «Alegría: la felicidad que surge del interior», Osho realiza observaciones muy sugestivas.
Llama la atención su mensaje de que la felicidad no se tolera. Quien se declare feliz, recibe el oprobio de los que le rodean y no lo han conseguido.
Distingue además Osho entre felicidad y dicha y considera que ésta última está a nuestro alcance y muy cerca: en el aquí y en el ahora.
Es una filosofía de inspiración budista pero que te sorprende por la dureza de algunas de sus manifestaciones. Uno tiende a pensar que de un místico de referencia tan sólo pueden emanar declaraciones aterciopeladas…
La influencia de Osho en el pensamiento contemporáneo ha sido grande. Y su trayectoria no está exenta de controversia.
Por otro lado, sus textos están salpicados de vivaces historietas, de metáforas contundentes, que refuerzan la vistosidad de sus textos, escritos por sus discípulos.
Me llama la atención también el aspecto aburguesado del centro de meditación fundado por Osho en la India. El video promocional que canta sus excelencias es de alto nivel.
¿Filosofía de la transformación personal o puro negocio?
Sea lo que fuere, el libro «Alegría» contiene interesantes digresiones sobre el concepto de felicidad.
Algunas perlas del libro a título de despedida:
«Cuando eres realmente feliz, tu ego desaparece. Cuando eres realmente feliz, sientes de repente una profunda unidad con el todo. Cuando eres desdichado quieres estar solo; cuando eres feliz quieres compartir».
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«La persona cuerda, normal y corriente, es tan lista, tan astuta y calculadora, que no puede permitirse la alegría, porque no la puede controlar.»
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