Leo en el diario EL PAIS de ayer, domingo, que el presidente del gobierno lee los libros de cinco en cinco…
Me pasa lo mismo. No soy librescamente monógamo. Necesito pegar saltos entre obra y obra. Un zigzag de lecturas donde el poso de las páginas se entremezcla: la historia con la psicología, la política, un cómic, un libro de poesía, apuntes universitarios..
Vamos, la sinergia intelectual permanente.
Mi biblioteca supera los 2.000 volúmenes (algo más que el 1% de la declarada por el dirigente espiritual Osho).
Llevo un año ordenando los volúmenes y buscando relaciones de buena vecindad entre los títulos.
A veces juego a la combinatoria: puedo poner por ejemplo a Pérez Reverte junto a Unamuno, acompañados de Dámaso Alonso y en anaquel próximo las memorias de Pablo Neruda. Me gusta activar el diálogo inter-libros…
Imaginen por un momento que las ideas que contienen emerjan como cuerpos astrales y establezcan tertulias interesantísimas con puntos de vista harto variopuntos y en cronología libérrima…
La innovación nace de la mezcla, del baile de las neuronas, de la llamada sinapsis.
Los libros emparejados, clasificados, deliberadamente emparentados engendran sugestiva descendencia conceptual.
De este mestizaje salen ideas sorprendentes. De ahí mi celestinazgo libresco.
Ah!. De vez en cuando hay que quitarles el polvo.
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