Con el gozo de un peregrino que llegase frente a la catedral de Santiago, topo en Internet con Radio Obradoiro, emisora de mi querida Galicia, cuyos estudios están en el corazón de la ciudad-tesoro compostelana.
¡Qué grato placer escuchar desde Barcelona y en gallego Radio Obradoiro!
(¿Estará lloviznando en el casco antiguo como de costumbre? ¿Habrá hoy mesa libre en “El Mesón del Pulpo”?)
Me cuesta concebir el mundo sin Galicia. Es una tierra que me es muy querida, cuya lengua intento comprender y algún día hablaré.
En marzo tendré mi cita anual con el Centro Superior de Hostelería de Galicia, donde formo en comunicación y relaciones públicas a futuros directores de hotel y directivos turísticos. Ya será mi noveno año consecutivo pero siempre acudo con la ilusión de la primera vez.
Santiago de Compostela es una de las más bellas ciudades del mundo y su gente es muy hospitalaria.
Sé que de natural el gallego es introvertido (el catalán también lo es) pero aquella gente tiene un deje de humildad y sencillez que a veces encuentro a faltar en mis propios lares.
Sobre la gastronomía gallega nada tengo que decir que un observador mínimamente aplicado y hedonista no conozca.
Estoy escuchando Radio Obradoiro (una banal discusión futbolera) pero todo mi yo se traslada al centro de Santiago, a mi chocolate con churros en “El Muelle” y al descubrimiento de novedades literarias en la proverbial librería de diseño espiralado “Folhas Novas”.
(Teño morriña, teño saudade…)
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