«Lo que bien se aprende, nunca se olvida».
Así reza un dicho que vale la pena traer a colación. El esfuerzo inicial en las cosas puede ser duro. Pero el buen trabajo tiene premio.
Todo lo contrario a lo que se adquiere con celeridad, sin reposo posterior, sin interiorizar lo ingerido.
Dice un refrán árabe:
«Lo que entra rápido, sale también muy rápido».
En el proceso de aprendizaje las cosas llevan su tiempo. Su maduración. Los atajos se revelan contraproducentes.
Por ello lo que forma, te conforma.
Por ello aprender requiere una premisa previa: la aceptación de cambios en nosotros mismos.
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