Se nota. Se presiente. El AVE está a punto de llegar de manera regular a Barcelona y una emoción indisimulada recorre la ciudadanía layetana.
Las consecuencias para el futuro de las relaciones entre Madrid y Barcelona no han sido suficientemente bien calibradas. Yo preveo un «turning point»: nada será igual.
Madrid es una ciudad extraordinariamente atractiva. Tenerla a 2 horas y 35 minutos va a constituir un privilegio. De igual manera la Villa y Corte va a tener bien cerca la capital catalana y el mar.
El AVE Madrid-Barcelona marcará época, relativizará tópicos, romperá moldes, acercará talantes. Lo presiento.
¡Bienvenido sea!
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