«Me gusta tu blog».
Creciente número de personas me hacen llegar este mensaje. Y por momentos siento el arrobamiento juvenil de cuando la compañera de pupitre corresponde a tus miradas.
También se desencadena una reacción de compromiso: «No puedo hoy dejar de escribir algo».
Acude entonces uno raudo al teclado y descarga su vivencia del día, el comentario pensado en la calle o lo primero que pasa por la cabeza.
«Me debo a mi público»-se repite uno. Y bajas las escaleras de dos en dos, sonríes a diestro y siniestro y barruntas sobre la acogida de tu última inserción.
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