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Cala Estància

Miguel Ángel Violán 22 Abr 2008 - 00:03 CET
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Cuando llegue el apocalipsis espero del Sumo (en este caso) Deshacedor que se apiade de la mallorquina Cala Estància y la ubique bien atrás en la secuencia de destrucción masiva del planeta.

Harto se lo merece este remanso de agua en las inmediaciones de Can Pastilla, a cuatro pasos del aeropuerto palmesano, donde tantos gratos momentos he pasado en la terraza de la Marisquería Internacional.

A ella volví anoche tras prolongada pausa de un mes. Solícito el empleado de turno me sirvió mi apetecida sepia, plato que -si bien cocinado- me reconcilia con la vida y alegra indefectiblemente la jornada.

Son probos los responsables de este local. La sepia siempre es fresca y cocinada con esmero, con la punta justa de perejil y el sabor braseado leve y excitante.

A medida que uno consume semanas, meses y años, se percata de que la felicidad es esencialmente una compilación de pequeños momentos de placer y allí el arte culinario tiene mucho que decir.

Si Cala Estància no existiera, Mallorca quedaría huérfana de un rincón plácido, de aguas onduladas (ostensiblemente sucias a temporadas, la verdad sea dicha) pero que componen pieza insustituible del paisaje litoral mallorquín, su brillantez y negligencia a la par.

En la Marisquería Internacional he pasado grandes momentos con amigos, familiares y comensales teutónicos ocasionales. Ellos con la nariz roja de la cerveza, ellas apuntándote frivolas con pezones descomunales invitándote a una fiesta imposible.

En Cala Estància he visto atardeceres inconmensurables, luces indescriptibles rayando el agua de destellos y bañistas épicos, como aquel empresario egipcio que cubría la cala a nado los días de invierno con pavorosa constancia.

A pie, en coche o bicicleta, Cala Estància merece peregrinación, reposo sin límite y conversación hasta el anochecer.

Y cuando llueve, la cala se convierte en un fregadero que hierve de gotas, los guiris se baten en estampida y yo me los miro desde la terraza bien pertrechado de cerveza con limonada y emulando al gran Obelix me digo:

-Estos germanos están majaretas.

Miguel Ángel Violán

Miguel Angel Violán es barcelonés, periodista y escritor, con 41 años de experiencia en el campo de la comunicación (Grupo Mundo, diario AVUI, TV3, Catalunya Ràdio, Radio Nacional de España, Círculo de Lectores/Bertelsmann, RIU/TUI). Desde 1996 hasta comienzos de 2008 residió en Mallorca, donde ejerció el cargo directivo de Director de Comunicación de la cadena RIU […]

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