«Los alumnos constituyen la mejor biografía del maestro».
Con esta bonita frase me ha obsequiado una alumna latinoamericana tras un Máster de Comunicación en Barcelona…
Tengo tal frase (que incorporo a mi repertorio) por muy válida. Dejamos nuestro legado en aquellos a quienes impartimos conocimiento. Qué mejor que ellos saben de nuestros desvelos, nuestros chistes (algunos incluso buenos), nuestros lapsus y manías…
Mi población de ex alumnos supera las 3.000 personas. Algún día dejaré de hacer cálculos. Tienen el efecto expansivo de una mancha de aceite. Y aunque uno no los recuerde a todos, la mayoría se acuerdan de uno.
Ya de adolescente me motejaron «el profesor» en más de un viaje de grupo. Me molestaba. Era un adjetivo intempestivo. Ahora, en cambio, me gusta. Especialmente la fórmula abreviada «profe». Así me llama Jorge Lorenzo en privado. Y otros muchos alumnos. Ahora sí, por edad, es lo que ya me toca.
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