He regresado 32 horas a Mallorca y he comprobado que la isla mantiene su belleza convulsa. Las constantes precipitaciones han impregnado de verde tropical todo el territorio, han enfurecido a turistas y comerciantes pero han dejado una impronta deliciosa a la isla.
Acudo a la Marchica, restaurante de moda en Porto Pi, al encuentro con los ex alumnos de ESADE del territorio balear. Hablamos de técnicas de coaching.
Me llama la atención el lavabo de diseño del local. Los hacen tan extraños que uno acaba no sabiendo dónde debe orinar.
Entrada la noche llueve a cántaros y yo me regocijo transitando por la calle Aragón hasta la Via Cintura. Qué limpia queda la ciudad…
Ceno con Toni Travería. Estrena sofá y es de los más mullidos. De los que te atrapan y ponen a prueba tu fuerza de voluntad. Ingerimos nuestro pa amb oli consuetudinario, nuestro plato favorito de almas al mismo tiempo espartanas y mediterráneas.
Colaboro con Toni todos los viernes en el programa «Tassa i mitja» de la emisora IB3 Ràdio. Comento aspectos de la comunicación en un microespacio titulado «Paraula de comunicador». Lo hago en mallorquín, lo cual mucho me complace. Pongo especial énfasis en las vocales neutras pero de vez en cuando me salen a la catalana. Es una mezcolanza fonética que debe de sorprender a la audiencia.
Toni Traveria tiene un piso espacioso en un barrio donde se aparca sorprendentemente bien. Son muchas las horas compartidas en su piso mallorquín maquinando futuros prósperos, de manera que dificilmente me olvidaré de sus majestuosas baldosas y vecinos silentes.
Al mediodía siguiente abandono mi país mallorquín, ansioso ante un pronto regreso.
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