Lo más difícil es en todo momento fijar las prioridades. Siempre hay más cosas por hacer que tiempo efectivo para llevarlo todo a cabo.
¿Qué es realmente lo más importante y necesario en cada momento? Identificarlo…y hacerlo. Sin confundir lo más necesario con lo que más nos apetece.
Es conocida la vieja distinción entre lo importante y lo urgente. Cuántas veces nos autoengañamos para relegar aquello que no nos apetece hacer.
Un análisis pormenorizado de nuestra jornada revela esta inclinación al capricho y las muchas ineficiencias en la gestión del tiempo.
El tiempo es el más valioso de los recursos: por cuanto es el más escaso.
A todos el día nos dura 24 años. Pero no a todos nos cunde por igual…
Aprender a hacer un buen uso de nuestro tiempo es una competencia que debiéramos aprender bien temprano y desarrollar durante toda nuestra vida.
Tener las prioridades claras constituye una premisa previa. La segunda es que no flaquee la voluntad y hagamos lo que toca.
¿No llamaban a eso nuestros clásicos disciplina?…
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