Proliferan en los medios escritos reportajes sobre la actual crisis y su impacto sobre una generación de chicos jóvenes hiperconsumistas que lo quieren «todo» y «ahora».
El tema es noticioso pero el enfoque -observo- a menudo equivocado.
Que no cunda el pánico. La actual crisis no traumatizará más de la cuenta a nuestros retoños. Lejos de nosotros la tentación de verter el a veces dañino manto sobreprotector.
La nueva crisis puede ser…¡altamente educadora!
La abundancia de los últimos años aniquila cualquier espíritu de inciativa o de conciencia de insostenibilidad del crecimiento mundial.
Las fuertes turbulencias en camino nos ofrecen una excelente oportunidad de aprender todos (también los adultos) las excelencias de la austeridad y una consciencia para siempre de lo que es esencial y de lo que es superfluo.
El drama lo vivirán en otros latidudes. El único consuelo es que para las vicisitudes ya están más que entrenados.
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