Los antiguos escrutaban las entrañas de las aves para sus premoniciones y augurios de futuro.
Modernamete ojeamos las secciones de economía de los diarios, donde se advierte un panorama inquietante para el recién comenzado 2009.
Tanto es así que la broma recurrente del reciente fin de año consisía en desear un «feliz 2010», ninguneando de esta manera el paso del innombrable 2009.
Después de tan malos augurios para 2009, cualquier evento excepcional que suscite será recibido con amoroso entusiasmo. Para lo peor ya estamos preparados: altísimo paro, inversión congelada y deflacción (reducción peligrosa de los precios).
Ha pasado la fiesta de Reyes y se inicia la temida cuesta de enero. Es el momento de establecer el calado auténtico de la crisis, la capacidad de entre todos normalizar el patio económico y generar nueva confianza. Una confianza trucada por un cojunto de avatares mal comprendidos.
En una reciente intervención en el programa de Catalunya Ràdio «L’ofici de viure» me preguntaban sobre cómo hacer frente a la crisis en nuestras finanzas domésticas.
Grosso modo estos fueron mis consejos:
*sensibizarse ante todo tipo de costes para reducirlos.
*descartar el uso habitual de tarjetas de crédito.
*comprar con tiento los precios y decidir tras meticuloso análisis
*beneficiarse de nuestra red social para mayores descuentos o para el intercambio de recursos en especies, de nula fiscalidad.
*Optar por aficiones y hábitos de via simple. O lo que es lo mismo: las mayores satisfacciones al menor coste posible.
No descarte, amigo lector, que imbuidos de un nuevo espíritu de austeridad le encontremos la gracia a esta nueva manera de hacer.
Todo es probarlo.
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