Acudo a una oficina de la Banca March en Barcelona e inopinadamente me sobresalta una voz con vocales neutras en sílabas tónicas. Es acento mallorquín.
Es inconmensurable el poder evocador de una vocal neutra. Cómo te traslada a otro lugar, a otro tiempo, a todo un bagaje de experiencias.
Abandono la oficina en la Diagonal barcelonesa aturdido por las resonancias fonéticas revividas.
No es la primera vez que me pasa. Puedo captar un deje de mallorquinidad en décimas de segundo. Singularmente en la dicción de una vocal, en la entonación de un sintagma o en la acentuación aguda de una frase de infinitivo con pronombre débil adherido.
Surge el deje como una chispa y se dispara la máquina de recordar. De rememorar. De revivir.
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