«El defensa hacía rato que le había tomado la matrícula».
Es una expresión que ya he oído varias veces en las transmisiones de fútbol. Describe la actitud del defensa que se la tenía jurada a un delantero por agravio o tarascada en una jugada anterior. Va y se la devuelve.
Es una expresión vivaz que posiblemente se ha puesto de moda.
El lenguaje deportivo tiene estas cosas: siempre abierto a los modismos, las nuevas expresiones de argot belicista, puras metáforas de la vida cotidiana.
Tomar la matrícula se me antoja una imagen fastuosa. Por lo clara. Por lo gráfica. Por lo sarcástica.
Estas licencias del lenguaje son las que redimen al periodismo deportivo de su bajeza en otros aspectos. En especial, sus redundancias oprobiosas y sus tópicos machones.
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