Rememora Pedro Nueno en su columna de hoy en «La Vanguardia» aquella ocasión, de doctorando en Harvard, en que se vio presa de un dolor de riñón y toda ambulancia que solicitaba le exigía pago en metálico para el traslado.
Es un botón de muestra de la dureza de un sistema.
En las últimas horas he pasado por la UVI del Hospital Clínico de Barcelona, repleto de viejecillos con insuficiencia respiratoria y otras derivaciones de procesos gripales agudos. He atendido a un familiar, finalmente repuesto, durante unas horas. Lo suficiente para dar gracias al cielo por una asistencia sanitaria pública que te socorre ante la desgracia.
Y eso lo quiero para todo el mundo.
Pienso también en lo mal que lo pasan los hospitales de la franja de Gaza, sometidos a los efectos colaterales de la guerra.
El dolor hay que tenerlo bien cerca para ser consciente de su dimensión y de sus efectos.
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