En los malos momentos es buen hábito tirar de la memoria y entreabrir el cajón de los buenos recuerdos. Yo lo hago a menudo y suelo acudir a mis gratos recuerdos yóguicos de Nirodha, mi centro de práctica en el palmesano Son Rapiña.
El llamado yoga dinámico es una variante agradable, siempre preconizando el mínimo-esfuerzo-necesario-posible.
Qué gratas eran aquellas sesiones (y cuán fácil aparcar en la zona de Antonio Lliteras, 4, junto a un potente Mercadona, una jugosa frutería, atractivas tiendas varias y aquel local de comida preparada que cerraban a la espera de llegar yo tras mi última asana…)
A todos mis amigos blogeros (especialmente a los más suspicaces, desairados e hipertensos) les recomiendo la práctica activa del yoga. Es un placer al alcance de todos y un método para contribuir a hacer del mundo un lugar mejor.
Mis recuerdos yóguicos me resultan ciertamente balsámicos en los días de viento inclemente, desazones varias y horizontes desdibujados.
Mi abrazo fraternal a los excelentes instructores del centro: Llorenç Mestre Calvo e Isabel, siempre tan serviciales.
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