Si bien el cielo aparece cariacontecido, aterrizo felizmente en Oviedo. Me esperan mis alumnos de la Universidad. Es ésta una bella ciudad y me adentro en mi cibercafé favorito.
Mi buena amiga Lu se interesa por mi. Es una persona muy atenta.
Yo puedo desplazarme pero siguo conectado con el mundo. Es el pequeño gran milagro de Internet.
Albert Montagut se empecina en que debo leer su libro. Deberá esperar y guardar turno (ojear es una cosa;leer es otra). Me interesan mucho más ahora los sabios consejos de Yogananda, que me hacen olvidar las turbulencias en los aviones. Pero responderé al requerimiento.
Siempre respondo.
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