Ay, las madres. Qué sería del mundo sin ellas.
En más de un proceso de selección me he permitido la licencia de preguntarle al aspirante:
-¿Cómo es tu madre?
Sólo una vez en la vida he tenido que pasar por el trance de tener que despedir a un periodista. De hecho, mi actuación consistió en no oponerme al despido. Fue el director del medio el que propuso y ejecutó la iniciativa.
El redactor, de una cierta edad, buena persona pero totalmente inadecuado para el puesto, fue efectivamente despedido.
Mientras recogía sus bártulos, yo me decía: «¿Qué pensará su madre de nosotros?».
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