-Mide tus palabras.
Tal frase me espetó solemnemente un rival de baloncesto de apenas 10 años en el patio del Instituto Menéndez y Pelayo de Barcelona un caluroso día de julio, probablemene de 1969: hace pues casi 40 años.
Me impactó la finura de la expresión y la firmeza del mensaje.
Hoy los diarios van repletos de alusiones al «chorreo» de goles recibido por el Real Madrid en el campo del Liverpool (4-0), justo lo contrario de lo que vaticinaba su desmesurado presidente Boluda.
Hay declaraciones que se vuelven en contra de uno como un boomerang. Acaso también sucede así con las inserciones en un blog.
Pero si nos acogiéramos a la filosofía del «todo el mundo es bueno», ¿quién nos leería?
Quien habla, quien escribe, sabe que ha de administrar sus riesgos. Que su toma de posiciones supone un cierto nivel de «endeudamiento». Asumible al fin y al cabo si uno parte de tener «activos sólidos» en su carrera.
Pero es entonces de todos modos cuando el «comunicador emprendedor» debe dar el do de pecho, decir lo que piensa.
Y, en la medida de lo posible, escupir al fariseo.
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