Veo en Cataluña (análisis extensivo al conjunto de España) un paisaje funesto para el talento dividido en dos grupos: los aprovechados y los desaprovechados.
Aprovechados que en base a la picaresca obtienen lo que no merecen y desaprovechados aquellos individuos cuyos méritos no son reconocidos ni su desarrollo facilitado.
Si un efecto positivo ha de tener una crisis como la actual (de profundo calado) es orillar a los que no merecen el puesto que ocupan y al mismo tiempo abrir las puertas a quienes tienen mucho que aportar y pocas plataformas para hacerlo.
Una gestión ineficiente del talento de las personas es una de las expresiones más dramáticas de injusticia social.
España es, en este sentido, un país dramáticamente injusto.
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