«Tú haz lo que yo te digo y yo te diré lo que yo hago».
Es una de las últimas frases que he acuñado en vistas a una próxima antología de aforismos de cosecha propia. Hay más…
Me siento particularmente identificado con esta máxima:
«No hay docencia sin decencia».
O parafraseos cáusticos como éste:
«Es duro ser jefe de Comunicación. Pero más duro es trabajar».
En la misma línea:
«La comunicación corporativa no es cuestión de vida o muerte. Es mucho más importante que eso».
Otro aforismo que difundo es:
«En comunicación menos es más».
Va especialmente dirigido a los que no saben sintetizar. A este colectivo también les dedico una frase muy sentida:
«No hay buena síntesis sin buen análisis previo».
Forman parte también de mi repertorio:
«En comunicación las cosas no son como son sino según se perciben».
Y por si fuera poco:
«Lo importante no es tener la razón sino que nos la den».
Me gusta también recordar que «comunicación interna y comunicación externa son dos caras de una misma moneda».
Y si quiero escandalizar remato mis intervenciones con un crudo aserto:
«Principio universal de las Relaciones Públicas: todos somos desiguales«.
Saben mis alumnos que para nuestras carreras como comunicadores propongo tres bandas sonoras:
*Jarabe de Palo, la canción «Depende». Ya que todo es relativo.
*Amaral, «Sin ti no soy nada». Ya que nos debemos siempre a una marca.
*Roberto Carlos: «Yo quisiera tener un millón de amigos». Y si es posible, muchos de ellos en medios de comunicación. A la evidencia me remito.
Con una triste frase final de colofón:
«Contactos sin talento aportan más que talento sin contactos».
Pero con un contrapunto esperanzador:
«Saber tener buenos contactos es también un talento».
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