Vuelvo a estar por tierras de Navarra, alojándome en Estella, al ladico de la Plaza de los Fueros. El río está crecido con las últimas lluvias y yo retorno, fiel, a mis dos bastiones locales: la pastelería «La Mallorquina» y la biblioteca municipal.
«La Mallorquina», en la calle Mayor, tiene un no sé qué de pulcritud y luminosidad rosácea que de mallorquín no tienen nada. Los dulces son apetitosos y el chocolate caliente de notable alto. Por encima de todo me gusta el diseño del local, de elegancia simple y luz hospitalaria. Qué importante es la luz. Eso Mallorca sí lo tiene.
Pregunto a la encargada pero dice desconocer el origen del rótulo del local. Me revela que el maestro pastelero se formó en Barcelona…En esto de los nombres de los locales se esconden a menudo secretos de familia, ya que todo suele tener un porqué.
La biblioteca municipal es moderna y confortable. Es un coqueto edificio bien provisto de recursos culturales, incluida la conexión wifi de rigor.
Si en algo ha ganado España en los últimos veinte años es en la prestancia de sus bibliotecas. Se nota que se ha invertido en ello. Y muy buena inversión es.
Aprovecho para ojear el muy recomendable libro de Gabriel Celaya sobre las empresas en la web 2.O, publicado por Gestión 2000. Todo esto de Internet pone a prueba al más pintado.
(Acabo de darme de alta en dos redes sociales: Bits PR y Xing; a ver qué pesco).
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