Izar el periscopio y captar entre las aguas el feliz hallazgo.
Tal es la tarea del descubridor de talento. Y a tal labor me he entregado durante mucho tiempo. Nada comparable a la excitación de detectarlo y decirlo.
Entre las escenas-cumbre de mi particular filmoteca emocional figura el momento en que el prodigioso bailarín de la película «Bill Elliot» actúa ante el sesudo jurado de la academia que dictamina a quien concede las becas para estudiar danza. A medida que el joven danzarín muestra sus habilidades los hieráticos jueces se embelesan, arroban y enternecen con una presteza difícil de encontrar en facciones anglosajonas.
Es ciertamente emocionante también cuando al joven Bill Elliot le preguntan:
-Cuando bailas, ¡¿qué sientes?
Su respuesta es un dechado de poesía. De estado de «flow»: el tiempo se para. El mundo está bien hecho.
Viene todo esto a cuento de la profunda satisfacción diaria que me produce ojear las inserciones de Juan Carlos Cubeiro en su blog «Hablemos de talento». Observo una similitud de temas e inquietudes con mis ciberquehaceres que me causan gran regocijo.
Por otro lado, es muy de agradecer el papel prescriptor de sus inserciones que te permite cazar ideas o compartir hallazgos tan fácilmente ciberaccesibles.
Por lo demás, me llama la atención la amplitud de sus reseñas. Evidencia una amplia dedicación a su blog, mucho mayor que la mía, justo cuando últimamente me pregunto si no aboco un exceso de tiempo a ello.
Juan Carlos Cubeiro lo hace con prestancia y utilidad pública. Positiviza los méritos ajenos, amonesta con respeto y, por encima de todo, descubre sendas en el gran campo del conocimiento, el talento y las relaciones humanas.
En suma: me gusta mirar a través de su periscopio.
(Web de Juan Carlos Cubeiro: ttp://jccubeirojc.blogspot.com)
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