Excelente el restaurante «Les Marines» de Pepe Tejero, un mallorquín de Establiments que enraizó en Gavá, en las afueras de Barcelona, muy cerca del aeropuerto, su restaurante mediterráneo y honesto (calle de Calafell, 21, Gavà-Mar).
Hoy he comido por tercera vez en él, a pocos metros de la playa, un día primaveral con cielo surcado por continuos aviones consumando el aterrizaje en las vecinas pistas de El Prat.
Pero algo ha pasado al acudir a la mesa.
Los treinta y tantos comensales (el encuentro familiar anual de la rama Claramunt) han debido tomar posiciones. La pequeña confusión de siempre. Cada uno busca su sitio. Indicativamente, en un extremo de la luenga mesa los chiquitines. En el otro extremo, los más mayores.
Cuando es mesa única, se convierte indefectiblemente en un baremo de longevidad: en un lado, quiénes son los llamados más pronto por ley de vida a dejar de venir. En el otro, quiénes son los llamados a perpetuar por muchos años todavía el ágape anual.
Todos avanzamos hacia el extremo de la mesa y la cita anual nos lo recuerda. De una manera tácita pero efectiva.
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