No fue primaveral. Fue estival la jornada de ayer. Paseé por la Rambla de Cataluña pero a pocos autores «cacé». A dos en concreto: Joan Barril…y a Espido Freire.
Estuve un cuarto de hora frente a la precoz escritora ganadora del premio Planeta. Llegó al tenderete bufando, cansada. Luce pelo rubio triguero. Pero el rostro aniñado y hermosamente enigmático la delata. Me recuerda a no-sé-quien y esto me la hace próxima. Decidí no acercarme a hablar con ella. Pero la observé esos 15 minutos.
Es interesante ver lo que hace un escritor entre firma y firma. Debo confesar que soy un gran voyeur de lo social. La firma de libros me produce sentimientos opuestos: un bello acto social pero al mismo tiempo tiene algo de elegante prostitución: compramos su libro, pagamos, ergo nos regalan su firma, dedicatoria y -si el cuerpo aguanta- su mejor sonrisa.
No sé hasta que punto es una rutina envidiable. Joan Barril parecía ciertamente aburrido de hacerlo. Con todo, debe de ser gratificante oir los comentarios de los lectores. Y sugeridor.
Algún día quizá esté yo en una de esas mesas firmando (aunque sólo sea a familiares y amigos). Será un buen momento de revistar la presente inserción.
Postdata 25-4-09:
(Prepararé para la ocasión un ejército de comparsas que rotatoriamente harán ver que van a que les firme el libro; creo, sin embargo, que no soy el primero a quien se le ocurre).
Home