En el último minuto. Ya en tiempo de descuento. El Villarreal (buen equipo de fútbol, todo hay que decirlo) marcó el gol del empate 3 a 3 anteayer, domingo. Y el gozo azulgrana en un pozo: el cava de nuevo a la nevera. Se retrasa la celebración del titulo de Liga.
Caras largas en el Nou Camp. Lo de siempre: los excesos de confianza se pagan.
Sobre este punto el entrenador Pep Guardiola ha tenido un comportamiento excepcional a lo largo de la temporada: siempre llamando a la prudencia. Pero un maquiavélico guionista llamado destino le ha enmendado la plana.
Es, por otro lado, una pequeña invitación a la empatía: a sentirnos en la piel de la afición del Chelsea, que recibió el varapalo en foma de gol de Andrés Iniesta en el último minuto. Precio: no jugar la final de la Champions contra el Manchester. Cosa que el Barcelona sí hará. Pero con el incierto concurso de Iniesta, lesionado en el último minuto en el Nou Camp…
(A veces pienso que el destino es una sala de máquinas o la régie de un plató televisivo en que un travieso equipo de realizadores se deleitan dando y quitando suerte, buscando un cierto equilibrio a largo plazo pero siempre moviendo a los humanos como marionetas, cautivos de un destino incierto: sus travesuras).
Home