Cualquier profesional de la comunicación debiera tener muy clara la diferencia entre ambos términos: notoriedad (=ser conocido) y prestigio (=ser reconocido).
La decisión del presidente del Real Madrid de fichar al futbolista Cristiano Ronaldo por 94 millones de euros aporta una gran notoriedad (es un fichaje noticioso) a un club que no la necesita.
¿Y le reporta prestigio?
Yo piensa francamente que no.
La política del talonario puede tener sus partidarios pero dificilmente puede seducir a quien aprecia el mérito en la vida. ¿Qué gracia tiene crear equipos a golpe de talonario?
Siempre digo en mis seminarios de diseño de Planes de Comunicación que el mérito está en conseguir lo máximo con el mínimo de recursos. Es ahí donde se ven las dotes manageriales: sensibilidad a los costes y descubrimiento de oportunidades.
Tirar la casa por la ventana sabiendo que ulteriores maniobras innmobiliarias enjugarán los posibles déficits que sobrevengan no suscita en mí ningún tipo de admiración sino todo lo contrario: es una manera pedrestre de jugar. No hay ni un gramo de elegancia ni de mérito en esas maniobras especulativas… Bueno, un mérito sí: eficaz gestión de contactos.
Pero sigue sin convencerme. Lo que se construye rápido, suele deteriorarse rápido.
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