Es impactantante la cantidad de extranjeros que transitan por la Rambla de Barcelona. Se acerca el verano y esta tradicional arteria muestra su dimensión más turística.
Me he vuelto a dar de alta en el Ateneo barcelonés. Regreso a esa mansión para mí tan querida 13 años después de alejarme de ella.
Su biblioteca remozada ha quedado preciosa. Han hecho un gran trabajo. Está mucho más limpio todo que en otros tiempos. Se respira dinamismo en el ambiente.
Se presiente el bullicio ramblero a tan sólo 100 metros del edificio.
Regreso a los orígenes. Al edificio donde se fraguó mi licenciatura de Derecho (a base de muchos fines de semana de encierro voluntario) y donde conocí a mi mujer.
En esencia el edificio conserva el encanto de antaño aunque el parque de personas se haya renovado y ya no dormitan en el estanque aquellas enormes y míticas tortugas de otros tiempos.
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