Calles mojadas, cajones vacíos (en catalán, «carrers mullats, calaixos eixuts»).
Bien aplicable es este proverbio a la mañana de hoy en Barcelona: cuando llueve a cántaros (hoy no para de hacerlo) las tiendas aparecen vacías. Los clientes aguardan una mejor ocasión.
Aunque para resguardarse de la lluvia no son pocos los que entran en los comercios para chafardear. Y alguno acaba comprando aunque no entró con ese fin.
Con todo, mal negocio para las tiendas cuando llueve, como el sabio refranero bien refleja.
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